Justo haciendo la semana 37, y coincidiendo con el inicio de las vacaciones, el Peque volvió a ponerse malito. En esta ocasión un virus de sólo fiebre, pero que le dejó bastante tocadete. Fueron unos días muy complicados, y luego vino la resaca post virus, aún peor si cabe... Lloraba por todo, no quería comer, muy caprichoso... Me preguntaba si era posible que ante la llegada de su hermanito su reacción pudiera ser peor que eso.
Afortunadamente los días pasaron y todo empezó a mejorar. Tras una semana prácticamente sin comer, empezó a irse reponiendo poco a poco y a estar cada vez de mejor humor. A mí verle así me llenó de energía y de optimismo preparto, cosa que me vino genial.
| A mi Peque le encanta chocar su tripota con la mía :-) |
Así fue durante dos semanas, hasta que el sábado pasado volvió la fiebre y la enésima gastroenteritis de la temporada. Ayer pasé un bache importante. Volver a verle así me tuvo llorona todo el día, y no paraba de pensar en que la llegada del hermanito no podía caer con peores circunstancias... En ningún momento se me pasó por la cabeza que pudiera pillarle malito.
Hoy ha estado bastante animado todo el día, y aunque no ha comido casi nada, al menos se ha mantenido activo. Este jueves tengo cita para monitores, y no me sorprendería que tuviera que quedarme allí para una inducción. Ojalá de aquí a entonces le dé tiempo a recuperarse aunque sea un poquito...
Hace unos días que tenemos ya en casa todas las cositas del Chiquitín: minicuna, carrito, bañera, etc., y de momento parece que la inminente llegada del hermanito le divierte. Ojalá que sea así...
Y vuestros mayores, ¿cómo vivieron la llegada de sus hermanitos pequeños?
